martes, 13 de mayo de 2008

misantropo

El sol vuelve a posarse como buen vigía en su sitio, pero cada vez que amanece el martirio revive con él, de nuevo se comienza a padecer las amarguras del mundo, las pesadas y monótonas jornadas, que ya no las vivo, siempre las sufro.

Cuánto he vivido ya; tal vez demasiado del que me hubiera gustado vivir. Hace ya mucho tiempo que la vida se volvió amarga y espesa, que mis pies recorren los mismos caminos, que mis ojos ven las calles vacías y que mi cuerpo vaga entre mares de personas, rozando sus cuerpos calientes y viscosos.

Todos los días iguales, esta monotonía me enloquece, ya he fumado demasiado de esta mierda y aún sigo vivo. Creo seguir vivo, los días pasan sin nada que reviva mi sed, que hidrate mis pálidas mejillas y me devuelva mis utopías.

No se si los odio a ellos, o me odio, odio el no tener el valor de decir no, no a seguir consumiendo toda la basura que me venden, no beber  el mismo recorrido al trabajo, no a sus opciones, no a elegir donde nada elijo. Los odio a ellos que no me ven, ni dejan verse; ellos prisioneros del tiempo, ellos malditos hijos de puta, pero  me odio más a mí por ser como ellos y no poder cambiar.

contrato

Subes a la mesa,

no quiero mirar,

prefiero imaginar, olvidar,

que estas cerca sólo por pagar,

que este no es un contrato,

Tan sólo …deja al aire la posibilidad.

momentos 01

Cuando abrió los ojos, se descubrió ausente en esa habitación oscura y silenciosa, con sus músculos entumidos y un fuerte dolor de cabeza. Sus extremidades atadas a esa silla fría por los lazos digitales no le permitían moverse, además de los cosquilleos que le producían los ligeros toques eléctricos que mandaban a su cerebro los cables que le salían de la cabeza y brazos. Ignoraba el tiempo que llevaba en ese lugar, postrado en esa silla tan incomoda e inmerso en la oscuridad.
Se mantuvo atento, explorando detenidamente con los ojos aquella habitación, tratando de encontrar algún indicio para ubicar el lugar donde estaba, pero la escasees de luz lo volvió imposible. Al lugar que mirara se encontraba la misma imagen pesada que le agitaba la respiración y le desprendía un sudor frió, uno por la incertidumbre, y la otra por las ganas de ir al baño.