martes, 13 de mayo de 2008

misantropo

El sol vuelve a posarse como buen vigía en su sitio, pero cada vez que amanece el martirio revive con él, de nuevo se comienza a padecer las amarguras del mundo, las pesadas y monótonas jornadas, que ya no las vivo, siempre las sufro.

Cuánto he vivido ya; tal vez demasiado del que me hubiera gustado vivir. Hace ya mucho tiempo que la vida se volvió amarga y espesa, que mis pies recorren los mismos caminos, que mis ojos ven las calles vacías y que mi cuerpo vaga entre mares de personas, rozando sus cuerpos calientes y viscosos.

Todos los días iguales, esta monotonía me enloquece, ya he fumado demasiado de esta mierda y aún sigo vivo. Creo seguir vivo, los días pasan sin nada que reviva mi sed, que hidrate mis pálidas mejillas y me devuelva mis utopías.

No se si los odio a ellos, o me odio, odio el no tener el valor de decir no, no a seguir consumiendo toda la basura que me venden, no beber  el mismo recorrido al trabajo, no a sus opciones, no a elegir donde nada elijo. Los odio a ellos que no me ven, ni dejan verse; ellos prisioneros del tiempo, ellos malditos hijos de puta, pero  me odio más a mí por ser como ellos y no poder cambiar.

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