miércoles, 6 de agosto de 2008

metro

Nadie entiende cómo funciona esta ciudad, entre gritos y apretones la mañana sigue su curso. El vagón de mujeres pidiendo a gritos clemencia; la calidez del mexicano se da a notar, el joven (colado) le demuestra su afecto a la señorita, le pide permiso mientras acaricia, con picardía, su cabello y otros encantos.

Pino Suárez, Isabel la Católica, Salto del Agua, Balderas, Cuauhtémoc e Insurgentes. Un mundo compacto que moldea la materia, con aire contorsionista y circense. 

lunes, 4 de agosto de 2008

feliz año tormenta

tormentas tormentosas atormentan con tormentos tu tormento.

dificil

No podía hacer más que observar los labios que aquella chica eslovaca, que con dificultad trataba de hacerse entender en un idioma que no era el suyo. Nunca antes había experimentado tal impotencia. 

suspiros monocromáticos




lo políticamente correcto es una invitación a ver la vida en matices, esa visión burguesa de un mundo mediocre ha sido la que nos ha hecho olvidarnos de los extremos y permanecer inmóviles, inútiles, innertes.

promesas

Creo que  algún día te veré,

Caminar, reír, llorar,

Nuevamente Junto al sofá.

 

Nose si pueda volver a hablarte,

Escucharte, tocarte, sentirte,

Debajo de las sabanas.

 

Espero que mi paciencia no se agote,

Escasee o se arte de ti

Y de tu decidía,

Para esperar y esperarnos.

 

Para volver a tener tu sonrisa,

Buscaré por caminos desiertos e inciertos.

 

Cuando te tenga,

Dejaré la victoria debajo de tu piel,

Sobre nuestros sueños.

 

No temeré al tiempo,

Aunque me mire con superioridad,

Y fanfarronee,

De tu nunca retorno.

humo

me molesta el humo del cigarro.

jacinto

Lo más lejano que Jacinto recuerda de su infancia, es el primer día de clases cuando escapó de la escuela, guiado por el miedo de quedarse eternamente solo. Aquélla primera travesura, le valió una tremenda golpiza por parte de su padre, Sebastián, ya que este lo consideró un desobediente y maricón. Los golpes fueron de tal grado que Jacinto tuvo que permanecer en cama dos semanas. Él, ingenuamente, creyó haber ganado una batalla.

obituario

Recuerdo que era una de esas sorpresivas tardes lluviosas de verano, cuando me llegó, igualmente sorpresiva la idea de hacer mi obituario. –definitivamente no estaba en mis planes morirme, pero encerrado en aquel sanitario no podía pensar en otra cosa.

Busqué en mis bolsillos una pluma, aunque hacia años no escribía nada, ese era el único lazo que me mantenía atado a ser copy; desafortunadamente cuando uno crece deja de hacer las cosas que más nos divierten.

Tomé el papel higiénico, y me preparé a redactar lo que sería mi único recuerdo del mundo. 5 minutos después, quince, media hora y lo único que había conseguido era llenar el bote de basura con borradores inútiles y palabras tan banales que sentí ganas de darme un tiro.

Salí de aquel sanitario con el alma destrozada y un montón de papeles en las manos, me dirigí al auto, sin despedirme de la chica bella que me esperaba en la mesa de aquel restaurante, y sin preocuparme si  ella traía el suficiente efectivo para cubrir la cuenta de tan lujoso espacio y pésima comida. Supuse que no y continúe. Encendí el auto pero tenía las manos tan frías que no pude conducir, tomé un taxi,  le ordené avanzar sin definir mi destino, para esos momentos no importaba, de todas formas sentía que mi vida nunca había tenido uno.