Danzón (1)
Hacia tiempo que esperaba ese día. Se había comprado unos zapatos nuevos en el bazar de paca del Rosario, cambio el cordón que acostumbraba llevar atado a la cintura por un cinturón sintético que ganó con un poker de mano en el juego de cartas que acostumbraban celebrar después de la jornada entre todos los pepenadores. La camisa y los pantalones eran un recuerdo de sus buenos tiempos, cuando, cómo él dice, -la gente todavía vivía para el amor. Agua de sándalo y al final sombrero a pluma.
-Le va aparecer que lo ha escuchado muchas veces - me advirtió antes te de lanzar el lugar común - pero cómo extraña uno las cosas cuando no las tiene. Y no se trata de extrañar grandes cosas, esas las sabe uno de antemano que no las va a tener, sino esas pequeñas y que no les damos al importancia; un rayo de sol que te pega en la cara al medio día y que por más que te muevas te sigue pegando. Eso de moverte de un lado a otro, a cómo duele cuando uno no está libre, no poder esconderse, estar en ese rincón y aunque te muevas la sombra sigue ahí cubriéndolo todo.
La gente que lo conocía comentaba que él siempre había sido buena gente, pero que la vida en ocasiones juega en el equipo contrario. –Las analogías podían volverme loco, creo que eso fue lo que me llevó hasta este rincón de la historia-

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