miércoles, 19 de noviembre de 2008

a veces pasa por mi cabeza

Hoy sentí la necesidad de marcarte y escuchar anque sea por un instante unas palabras dulces, saborear tu "hola" y después destrozar, como a costumbro, todo.

Juliette sigue llorando


Han pasado más de 3 horas desde que Juliette comenzó a llorar. Sentada en la banca del parque sola, con ríos negros en su pómulo. ¿Dónde dejó su estruendosa sonrisa?, no lo recuerda.

De hecho, no recuerda nada. Comenzó a llorar sin saber por qué, y si lo sabe prefiere no recordarlo. Ella sigue en el mismo lugar llorando. No oculta su rostro entre sus manos, porque espera que todos lo sepan. Véanme llorar -piensa- soy muy débil y una ingrata sin sonrisa.

La gente que pasa, la vé y camina. Comenta, interpreta e imagina trágicas historias, elocuentes por qués, morbosas acciones -una que otra risa se deja escuchar- y continuan su camino.

Pero Juliette sigue llorando, no porque se sienta sola o vacía, simplemente llorar por que a veces la gente tiene la necesidad de llorar. 

La economía de la vida

Al lado del apetito voraz del chauvinismo,
entre los residuos de modernidad capitalistas,
con le cobijo funebre marxista,
miro el sol, la fuente, el parque.

Reclamo solidaridad a mis colegas, 
que no perturben la paz serena, 
con voces fósiles y palabras desdobladas.

Yo no quiero hablar de politica ni de guerras,
ni mentirme acerca del amor y esos ideales,
sólo espero que el silvido del viento armonice
con su canto su sordera.

Para qué la paz, para qué la guerra, si todo se disuelve en le olvido,
bajo la oscuridad caen los poetas, los payasos... lo inutiles.
Los sueños, los misterios, los triunfos... los gobiernos.

Olvidar es justicia, 
retener es capitalismo,
soñar el socialismo,
y el punto final es la vida.