sobre mí
Sobre tu sonrisa
Mi tristeza.
Sobre tus ojos tiernos,
Mi egoismo.
Sobre tu vida,
Mi ironia.
Sobre mi amor,
Nada.
Sobre tu sonrisa
Mi tristeza.
Sobre tus ojos tiernos,
Mi egoismo.
Sobre tu vida,
Mi ironia.
Sobre mi amor,
Nada.
Cubre tu espalda,
Esconde tu sexo,
Ponte el escote,
Oculta mis besos,
No me ofrezcas migajas,
Ni me conviertas en sueños,
Quiero desaparecer, ser olvido,
Antes que recuerdo.
Preferible morir de hambre
A seguir consumiendo esta basura,
A seguir bebiendo la orina de los cerdos,
A lamer los restos de comida de sus platos,
A perseguir y añorar morder la carne.
Preferible tener sed,
Que estar bebiendo de su misma agua,
De nadar siendo presa de pocos,
Riéndome de los demás,
que no están con los otros.
Preferible estar del lado gris,
Al caluroso rojo de la sangre,
Preferible portar los sueños,
A las armas,
Seguir persiguiendo la verdad,
A engañarme a mi mismo,
Sentir la lluvia en mis parpados,
A comprarme escudos de polietileno.
Preferible sentir la ira del sol,
A construir mis soles artificiales,
Preferible vivir de lo que creo y he visto,
A lo que me han contado,
A los mitos de la modernidad que me quitan la memoria.
Mi primera relación sexual fue con una mujer bonita. ¿Su nombre? –Mmmmm, no lo recuerdo, no me importó en ese momento y dudo que hoy sea relevante. Era bonita, eso sí. La había conocido horas antes. Era la prima recién llegada de, en ese tiempo, uno de mis mejores amigos, hoy, un desconocido más, igual que ella.
Dejavu! Creo entender el motivo que me ha traído nuevamente a esa escena, quisiera recordar, quiero… tantas cosas. En estos momentos desearía poder saber si sus pechos eran como duraznos y si su sexo sabía a fresas. Cegado por el instinto, en ningún momento me detuve a explorar el olor de su pelo, ni siquiera disfrutar, aunque sea con la mirada, la textura suave de su rostro, ni sus gestos y sonidos, y nunca preste atención si en algún momento dijo que me amaba.
En la cama, entre movimientos torpes y bruscos, recreaba en mi mente esa fascinante historia que contaría en el colegio, sería la envidia de todos. ¡Pobres diablos!
-si vos querés lo forjo yo- dijo interrumpiendome ¿Elisa? ¿Marta? ¿Laura?… esa rubia.
-Ya voy- dije torpe y difuso, mientras intentaba acordarme de su nombre.
-En hiter dura más
-No, no. Te fumás todo el plomo- dijo haciendo resaltar su acento.
-Si vos querés lo forjo yo- repitió- le di las canas.
Mientras tanto, me detuve a observar sus movimientos, como si estuviera contemplando una obra de arte, acariciaba el papel arroz con maestría, era una experta, una zorra y una atascada.
-Esta mierda me encanta- aclaro! Mientras salivaba el porro.
Fuego, humo, viaje.
Llévelo, llévelo.
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